No representa el negocio
Tus servicios, imagen o propuesta han cambiado y la web sigue contando la versión antigua.
No hace falta cambiar una web porque tenga algunos años. Sí conviene revisarla cuando deja de representar el negocio, funciona mal en móvil o dificulta que una persona contacte.
Tus servicios, imagen o propuesta han cambiado y la web sigue contando la versión antigua.
Textos pequeños, botones difíciles o elementos que se salen de pantalla.
El usuario debe buscar teléfono, WhatsApp, reserva o formulario.
Imágenes, plugins o código antiguo penalizan la experiencia.
Servicios duplicados, menús enormes o páginas que ya no tienen sentido.
No sabes qué URLs están indexadas, qué canonical usan o qué páginas reciben tráfico.
Cada pequeño cambio depende de una solución frágil o de alguien que ya no responde.
Antes de sustituir una web hay que revisar qué páginas reciben tráfico, qué URLs tienen enlaces y qué contenido sigue siendo útil. Si una URL cambia, debe existir una equivalencia clara y una redirección permanente hacia la nueva página correspondiente.
Mandar todas las URLs antiguas a la Home es una mala práctica: el usuario pierde contexto y Google puede interpretar parte de esas redirecciones como soft 404. Un rediseño serio empieza con inventario y mapa de URLs, no con colores.
Tráfico, URLs, enlaces, formularios y contenido importante.
No cambies una URL que funciona sin una razón real.
Primero móvil, jerarquía y acciones comerciales.
Cada URL antigua debe apuntar a su sustituta más relevante.
Search Console, Bing, sitemap y conversiones después del cambio.
Elige tu plan y cuéntanos qué necesitas. Sin reuniones obligatorias: diseño, revisión y publicación en un proceso sencillo.